Los caminos de la acacia

Los personajes y situaciones descritas en la historia corresponden a ficción. Los lugares por los que caminan, sin embargo, son completamente reales. Corresponden al sector de la UPZ San Francisco en donde se lleva a cabo el piloto de Urban 95 Bogotá, “Crezco con mi barrio”, y las imágenes que sueña el personaje principal durante su recorrido por el barrio, son algunos de los sueños que podrían materializarse en el territorio.

La profe abre la puerta, mamá ya está al otro lado. Hoy, los pies de mamá están llenos de colores, hay rayas azules y verdes en sus zapatos. Tiene puestos los que más me gustan, por eso le sonrío cuando me da la mano para caminar hasta la casa.

Afuera de donde está la profe, la reja es blanca, pero qué bonita sería si fuera de colores, con muchas formas. A veces, cuando pasamos, mamá me alza y me deja pasar los dedos por toda la reja, y luego las manos me quedan grises.

Todos los días caminamos hasta la esquina del jardín y mamá me lleva de la mano. Hay muchas casas de formas diferentes y, al final de la calle, una casa que está llena de cosas de madera por fuera. Le he preguntado a mamá si puedo jugar con las cosas de madera, pero no me deja porque son del señor de la casa, si fueran de la calle podría jugar cada vez que salimos del jardín.

Cuando llegamos a la esquina, bajamos por la calle larga que parece un rodadero, y al final hay andenes que tienen flechas rojas y blancas en todo el borde. Cuando hay tiempo, mamá me deja jugar a hacer equilibrio en el borde de los andenes y voltear a la cancha en donde juegan los niños grandes, los que tienen el balón suave. Si vamos a la cancha, me gusta que mamá me deje pararme en las escaleras y saltar a sus brazos, abajo, ahí donde empiezan las flores de la señora de la tienda.

La calle de la señora de la tienda es mi favorita en todo el camino que hago con mamá. Me gusta porque no pasan carros y mamá me deja soltarme de la mano para coger las plantas de la señora. Si bajamos por esa calle puedo llegar solo hasta la esquina, en donde se acaban los cuadros verdes, y ahí mamá me vuelve a coger la mano porque le dan susto los carros, a mí también me dan susto los carros, pero no le digo.

Por esa calle volteamos, y pasamos muchas casas hasta que llegamos a la panadería. Cuando no pasamos por la cancha, cuando mamá tiene cosas que hacer, bajamos derecho por la calle que parece un rodadero y pasamos por menos casas para llegar a la panadería. Desde la panadería, donde huele siempre a cosas ricas, puedo ver muchas calles hacia todos los lados y ahí es donde me imagino todo lo que podría jugar.

Arriba podríamos poner un rodadero, y mamá me recogería donde acaba la calle que cae. Abajo, si no dejáramos pasar a los carros, podríamos poner pelotas y correr como corro en la calle de la señora de la tienda. A los lados, mis hermanos montarían bicicleta y me enseñarían a mí a montar, y nos iríamos en la bicicleta por el lado del colegio hasta llegar a la casa. Ahora no hay juegos en esa calle, hay muchos carros, pero también hay dibujos de colores en la pared del colegio, y hay muchas personas que le sonríen a mamá cuando vamos caminando juntos, algunos también me sonríen a mí. Algún día, cuando tenga 6 años, cuando sea grande, de pronto mamá me deje caminar por esa calle sin llevarme de la mano.

2018-10-02T20:27:33+00:00